Belu: El sonido de las oportunidades

Por En Alta Magazine

A veces las oportunidades llegan sin aviso. No aparecen en forma de contrato, de festival ni de una gran producción. A veces llegan cuando falta alguien y alguien más se atreve a decir que sí.

Esa decisión cambió la historia de Belu.

Detrás del nombre artístico está Javiera Abarca, una joven oriunda de Rapel de 24 años que lleva apenas tres años en la escena electrónica, pero cuya historia refleja algo que muchos artistas viven en silencio: el desafío de perseguir una pasión mientras se intenta construir un futuro profesional paralelo.

Su acercamiento al mundo del DJing comenzó gracias a un amigo que empezó a enseñarle lo básico. Lo que inicialmente era una simple curiosidad se transformó rápidamente en una obsesión creativa. Compró su primera controladora y pasó horas practicando sola en su pieza, explorando mezclas, equivocándose y aprendiendo sin imaginar que ese entrenamiento íntimo sería el comienzo de una carrera.

El primer escenario apareció de manera inesperada.

Una noche fue a un bar junto a su madre y el DJ programado no llegaba. El dueño sabía que Javiera estaba comenzando en este mundo y le pidió que tomara el control de la música. Sin preparación, sin experiencia profesional y sin tiempo para pensarlo demasiado, aceptó. Aquella improvisación terminó convirtiéndose en su primer trabajo como DJ.

Pero el verdadero interés por la música electrónica había nacido antes. Mientras trabajaba como garzona en un bar, observaba cómo la presencia del DJ transformaba por completo el ambiente. Si el DJ no llegaba, la gente preguntaba por él; su figura era esencial para la experiencia de la noche. Al mismo tiempo, cuando salía a fiestas, le fascinaba la manera en que la música podía modificar el estado de ánimo de las personas, hacerlas bailar, cantar y olvidar por unas horas sus preocupaciones. Fue entonces cuando entendió que quería formar parte de ese mundo.

Sin embargo, el camino no ha sido sencillo.

Mientras comenzaba a trabajar como DJ, también estudiaba Periodismo, una combinación que terminó exigiéndole mucho más de lo que imaginaba. Jornadas universitarias durante el día y presentaciones nocturnas durante los fines de semana llevaron su cuerpo y su mente al límite. Llegó un momento en que tuvo que tomar una decisión difícil: pausar temporalmente la música para enfocarse en terminar su carrera y recuperar el equilibrio físico y emocional.

Esa pausa le enseñó algo importante. A veces avanzar también implica detenerse.

Retomar la música después no fue fácil, pero confirmó que la pasión seguía intacta.

Uno de los momentos que más marcó su carrera ocurrió cuando tuvo la oportunidad de tocar por primera vez en una discoteca frente a una gran cantidad de personas. Los productores no sabían que era su debut en un escenario de esa magnitud, y minutos antes de comenzar estuvo a punto de bajarse por los nervios. Finalmente decidió quedarse. La respuesta del público fue inmediata: conexión, energía y una sensación de pertenencia que le hizo comprender que ese era el lugar donde quería estar. La experiencia fue tan intensa que incluso tuvo que detenerse unos minutos para calmar la adrenalina mientras otro DJ cubría la cabina.

Otra experiencia decisiva llegó cuando trabajó en un evento para Samsung. Más allá de la presentación en sí, ese trabajo le abrió puertas inesperadas. Personas vinculadas a la industria se acercaron para pedirle contacto y considerar futuras colaboraciones, algo que la sorprendió porque todavía se sentía una principiante. Por primera vez percibió que su trabajo estaba generando interés real en otros.

Como artista, Belu se mueve entre el Tech Afro y la electrónica, aunque evita definirse de manera rígida. Su sonido cambia según el momento, el espacio y la energía del público, pero siempre busca que las canciones provoquen una sensación o despierten un recuerdo. Le interesa experimentar con mezclas poco habituales y alejarse de la idea de poner simplemente “lo que está sonando”. Para ella, la diferencia está en atreverse a probar algo distinto.

Cuando está en cabina, su objetivo es claro: lograr que las personas se desconecten de sus problemas y vivan plenamente el momento. Le gusta observar cómo desconocidos comparten una misma energía gracias a la música, y considera que esa conexión colectiva es una de las experiencias más bonitas que puede ofrecer un DJ.

Esa visión también define lo que entiende por éxito. No lo relaciona únicamente con escenarios grandes, reconocimiento o popularidad. Para Belu, el éxito es sentirse plena con lo que hace, saber que el esfuerzo y las dificultades han valido la pena y reconocer el trabajo silencioso que existe detrás de cada presentación.

Hoy atraviesa una etapa de transición y crecimiento. Su próximo gran objetivo es comenzar a trabajar en producción musical, convencida de que crear música propia es una de las formas más importantes de consolidar una identidad artística. Al mismo tiempo, quiere desarrollar una marca personal más fuerte y permitir que su nombre tenga mayor presencia dentro de la escena.

El año 2026 representa para ella un desafío especialmente personal: perder el miedo, aceptar nuevas oportunidades y atreverse a probar cosas distintas sin paralizarse por la posibilidad de equivocarse. Entiende que el error forma parte del aprendizaje y que ningún artista crece permaneciendo siempre en la zona segura.

Su mirada sobre la escena electrónica chilena es optimista. Percibe que cada vez más personas se interesan por este tipo de música y cree que, con el tiempo, ocupará un lugar aún más importante dentro de los escenarios y festivales del país. También considera que hacen falta más eventos dedicados exclusivamente a la electrónica, espacios donde el género pueda desarrollarse sin compartir protagonismo con otras propuestas musicales.

Quizás por eso su consejo para quienes comienzan es tan directo: no tener miedo. Subirse a un escenario, cometer errores, aprender y rodearse de las personas correctas son, según su experiencia, las únicas formas reales de crecer dentro de esta industria.

Las artistas que más la inspiran —Korolova, Novah y Amelie Lens— representan para ella referentes de profesionalismo, carácter y proyección internacional, mientras que festivales como Creamfields simbolizan una meta que sueña alcanzar algún día.

Si tuviera que resumir su proyecto en tres palabras, elegiría Perseverancia, Valentía y Desafiante. Y probablemente no exista una mejor definición para alguien que ha tenido que equilibrar estudios universitarios, trabajo nocturno, pausas obligadas y el deseo constante de volver a la música cada vez que la vida la alejaba de ella.

Porque la historia de Belu no es la de una artista que tuvo un camino fácil.

Es la historia de una joven que encontró en la cabina un espacio para ser auténtica, que aprendió a escuchar sus límites sin renunciar a sus sueños y que hoy sigue construyendo su identidad paso a paso, convencida de que la mejor mezcla todavía está por venir.

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