ELE E: La música como un camino de regreso

Por En Alta Magazine

Hay artistas que encuentran la música por casualidad. Otros nacen rodeados de ella. En el caso de ELE E, la música siempre estuvo presente, mucho antes de convertirse en un nombre artístico.

Detrás de ese proyecto está Luis Ernesto, un artista cuya historia comenzó cuando apenas tenía cinco años. Vestido con un liquiliqui blanco y frente a un escenario escolar, experimentó por primera vez una sensación que, sin saberlo, marcaría el resto de su vida: esa mezcla de nervios, adrenalina y emoción que solo aparece segundos antes de enfrentarse al público. Aquella presentación no fue simplemente una actividad escolar. Fue el inicio de una conexión que nunca desaparecería.

Con los años llegaron los tambores, la percusión y el estudio formal de la batería. Cada golpe le enseñó algo que hoy sigue siendo la base de su identidad artística: entender que el ritmo tiene la capacidad de cambiar el estado emocional de las personas. Que un silencio puede decir tanto como un sonido y que una canción puede convertirse en el recuerdo más importante de una noche.

Pero la música no siempre ocupó el primer lugar en su vida. Durante casi una década, Luis Ernesto se alejó de ella. Como muchas personas, priorizó otras responsabilidades y dejó en pausa aquello que realmente lo hacía feliz. Fueron años en los que la pasión permaneció en silencio, aunque nunca desapareció. “Necesitaba alejarme para entender cuánto significaba realmente la música para mí”, podría resumir ese período de su vida.

Cuando decidió regresar, no volvió siendo el mismo. Regresó con más experiencia, con cientos de letras escritas durante años y con la necesidad de expresar todo aquello que había guardado. Fue entonces cuando apareció una figura clave en su historia: Charles.

Una invitación a compartir con un grupo de amigos terminó cambiando el rumbo de su carrera. Entre improvisaciones, canciones guardadas en el teléfono y largas sesiones de estudio, encontró algo que hasta ese momento no había tenido: personas que creían en su talento incluso antes que él mismo. Aquella frase de Charles —“Mano, échale bola. Están buenas, ¿oyó? Yo te ayudo a grabarlas.”— se transformó en un punto de inflexión. No solo porque impulsó sus primeras grabaciones, sino porque le confirmó que era momento de dejar de esconder sus canciones.

Así nació ELE E.

Más que un nombre artístico, representa la evolución de todas las etapas que han construido a Luis Ernesto: el niño que descubrió el escenario, el percusionista, el compositor, el intérprete y, ahora, el DJ y productor que busca construir una identidad propia dentro de la música electrónica.

Su sonido no nace exclusivamente del house o del tech house. Está alimentado por la percusión, por la música afroamericana que escuchaba junto a su padre, por la salsa y los ritmos caribeños que heredó de su madre, por el rock, el hip hop, la música urbana y todas aquellas influencias que terminaron encontrándose en un mismo punto.

Para ELE E, un set no consiste únicamente en mezclar canciones. Se trata de construir un viaje emocional. Su objetivo nunca ha sido impresionar con la técnica, sino lograr que quienes están frente a la cabina olviden por unas horas todo lo que ocurre fuera de la pista. Que bailen, sonrían, conecten y se lleven consigo una emoción mucho después de que la última canción haya terminado.

Ese momento llegó con especial intensidad durante la celebración de su cumpleaños, el 11 de julio de 2026. Aquella noche tuvo la responsabilidad de cerrar la fiesta durante Private at the Terrace with Friends, un evento realizado por SMUSIC. Además, grabó su primer video set con público, registrado por Alejandro Gil, el mismo director que años atrás estuvo detrás de su primer videoclip como cantante. El set representó mucho más que una presentación. Fue uno de esos momentos que le recordaron por qué decidió volver a la música y marcó un antes y un después dentro de esta nueva etapa artística. Lo que permanece intacto en su memoria es la energía compartida con el público y la sensación de haber construido un momento irrepetible.

Hoy, ELE E atraviesa una etapa de consolidación. Mientras continúa desarrollándose como DJ, también profundiza su formación en producción musical con el objetivo de crear una propuesta donde convivan sus propias producciones, su experiencia como compositor y una identidad sonora cada vez más definida.

Uno de los hitos recientes de este camino fue el lanzamiento de “La Cereza”, publicado por The Kids Label, proyecto que alcanzó el segundo lugar del ranking Hype Tech House de Beatport durante su semana de lanzamiento. Más allá del reconocimiento, para él representa una confirmación de que el camino que está construyendo tiene sentido y de que su propuesta comienza a abrirse espacio dentro de la escena electrónica.

Sin embargo, cuando habla del futuro, evita la ansiedad. No busca acelerar procesos ni perseguir resultados inmediatos. Prefiere crecer con paciencia, aprender constantemente y permitir que cada paso llegue cuando corresponda.

Porque, al final, el éxito no se mide únicamente por los escenarios que se conquistan, sino por la posibilidad de seguir haciendo aquello que alguna vez hizo vibrar a un niño de cinco años frente a un escenario. Y quizás ahí esté la verdadera esencia de ELE E: no en los rankings, no en las reproducciones, no en las luces de una cabina, sino en esa búsqueda permanente por provocar una emoción capaz de unir a cientos de personas a través de la música.

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